En Padre Tesa, novela de Andrei Kochubei, la educación católica se presenta como una experiencia viva, llena de contrastes, situaciones inesperadas y aprendizajes compartidos. Ambientada en Juliaca, la historia sigue al Padre Teógenes Sakita, un sacerdote japonés–peruano que llega a un colegio con una misión clara: guiar a jóvenes inquietos que no siempre están dispuestos a escuchar.
Desde las primeras páginas, el relato combina cercanía y reflexión. No hay solemnidad excesiva. En cambio, hay escenas cotidianas, diálogos ágiles y momentos donde el humor suaviza los conflictos propios del aula.
Un sacerdote fuera de lugar… y en el lugar correcto
El Padre Tesa no encaja del todo, y eso es parte de su encanto. Su origen cultural y su forma de ver el mundo generan situaciones tan incómodas como entrañables. En ese contexto, la educación católica no aparece como un discurso rígido, sino como una práctica que se ajusta, se prueba y se aprende sobre la marcha.
Los estudiantes cuestionan, se rebelan y también sorprenden. Frente a ellos, el sacerdote descubre que enseñar no siempre consiste en imponer normas, sino en construir confianza.
Enseñar con paciencia, no con perfección
A lo largo de la novela, la educación católica se muestra como un proceso humano. El aula es un espacio donde conviven la disciplina y la comprensión, el error y el aprendizaje. El Padre Tesa se equivoca, reflexiona y vuelve a intentarlo.
Además, el relato sugiere que educar implica escuchar tanto como hablar. Por eso, la autoridad se ejerce con cercanía. Así, la fe se transmite más por el ejemplo que por el sermón.
Humor, reflexión y pequeños descubrimientos
Uno de los rasgos más agradables del libro es su tono. Padre Tesa no busca dramatizar en exceso. Prefiere la observación amable y la ironía sutil. En ese equilibrio, la educación católica se vuelve una experiencia cotidiana, hecha de pequeños gestos y aprendizajes compartidos.
Incluso cuando surge un conflicto inesperado, la novela mantiene una mirada serena. La reflexión aparece sin perder ligereza, lo que permite que la historia fluya con naturalidad.
Una novela sobre educar y dejarse educar
Padre Tesa recuerda que nadie enseña sin aprender en el camino. La educación católica, en este relato, no es una fórmula cerrada. Es un diálogo constante entre adultos y jóvenes, entre fe y realidad, entre normas y empatía.
Finalmente, la novela invita a mirar la enseñanza con humanidad y humor. Porque educar no siempre es tener respuestas, sino estar dispuesto a acompañar.
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