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Entrevista

Karen Araya: «con Dios hay esperanza»

Karen Araya habla de Contigo comenzó, su primer libro, y comparte cómo la fe, la familia y la escritura se relacionan con su historia.

Por Grupo Ígneo28 de octubre de 202615 min de lectura

Karen Araya comenzó a escribir Contigo comenzó con el deseo de compartir el lugar que la fe cristiana llegó a ocupar en su vida. En este primer libro, vuelve sobre su historia familiar, sus vínculos y las experiencias que la llevaron a replantearse su manera de vivir y su relación con Dios.

Conversamos con la autora sobre la decisión de publicar un testimonio personal, el significado del título y los desafíos de contar experiencias que durante años pertenecieron al ámbito privado. En sus respuestas, Karen explica qué desea transmitir a sus lectores y cómo entiende hoy el arrepentimiento, la gracia y la esperanza desde su experiencia cristiana.

El origen de Contigo comenzó

Karen, para comenzar, ¿cómo nació su relación con la escritura y qué la animó a compartir su historia en Contigo comenzó?

Mi relación con la escritura comenzó de una manera que nunca habría imaginado. No soy escritora de profesión, ni tuve desde siempre el hábito de leer o una especial inclinación por la literatura. Durante mi vida, los libros y la escritura no formaron parte de mis intereses. Fue al creer que la Biblia es la Palabra de Dios cuando nació en mí el deseo de poner mi historia en papel. Lo que me impulsó a compartirla en Contigo Comenzó, fue mi propia vida: la manera en que vivía, las decisiones de una vida desordenada delante de Dios. Al experimentar su obra en mí, comprendí que aquello que Él había hecho en mi vida también podía hacerlo en la vida de otras personas. Quería que mi historia pudiera llegar a quienes sienten que están atrapados en una relación, que experimentas una dependencia emocional, o que creen que no pueden abandonar una vida que los mantiene atados. A veces, una persona lo intenta, fracasa en el primer intento y termina convencida de que nunca podrá cambiar. Yo quería compartir mi testimonio para mostrar que, aunque nuestras propias fuerzas no sean suficientes, Dios puede obrar donde nosotros ya no vemos salidas. Hay una palabra de Jesús que expresa muy bien esta realidad. “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15.5). Y también Filipenses 4:13 nos recuerda que nuestra fortaleza proviene de Cristo, ¿para qué? Pues, simplemente, para poder hacer aquello que con nuestras propias fuerzas no podemos. No se trata de atribuirnos capacidades que no tenemos, sino de reconocer que necesitamos a Dios y que nuestra transformación depende de su gracia y su poder. Por eso, Contigo Comenzó, no nació de una vocación literaria que yo hubiera cultivado durante años, sino de una experiencia de vida que llegó a tener un propósito. Mi relación con la escritura comenzó prácticamente con este libro; fue mientras escribía que descubrí una forma de poner en palabras lo vivido, con la esperanza de que alguien que hoy piensa “no puedo” llegue a comprender que, con Dios hay esperanza y que Él puede transformar incluso aquello que nos parece imposible dejar atrás.

El título invita a preguntarse quién está detrás de ese «contigo». ¿Qué significa para usted Contigo comenzó y por qué eligió esas palabras para nombrar su historia?

El título Contigo Comenzó tiene un significado profundamente espiritual. Con él quise expresar que, al comenzar mi vida Cristo, también comenzaron luchas que antes no conocía. Si alguna vez pensé que las mayores batallas de la vida eran una traición, un abandono o la pérdida de alguien amado, seguir a Cristo me hizo comprender que la lucha espiritual es una realidad mucho más profunda. (Efesios 6:12). No se trata de restarle importancia al sufrimiento humano, sino de reconocer que la vida cristiana no comienza con la promesa de una vida sin problemas, sino con una vida rendida a Cristo y dispuesta a enfrentar aflicciones por causa de Él. La cruz no representa el fin de nuestras luchas, sino el fundamento, el inicio, y la perseverancia de nuestra vida en Cristo. Él nos llamó a seguirle, no a buscar una vida cómoda, sino a permanecer fieles aun en medio de las dificultades, (Juan 16:33). También elegí este título porque tiene una doble lectura: puede llevar al lector a pensar en una relación humana, pero también invita a descubrir quién está detrás de ese “contigo”. Esa curiosidad forma parte de lo que quise transmitir, porque el sentido más profundo del título se descubre al conocer la historia y comprender que Dios ocupa el lugar central en ella.

Llevar una historia personal al papel también implica decidir qué mostrar. ¿Qué fue lo más difícil de ese proceso y cómo eligió las experiencias que quería compartir con sus lectores?

Creo que el mayor desafío fue enfrentar el miedo, la vergüenza y la posibilidad de ser juzgada por mi pasado. Escribir sobre experiencias tan íntimas significaba aceptar que otras personas conocerían aspectos de mi vida que antes permanecían en privado y que no todas comprendieran mi historia de la misma manera. También me preocupaba que algunas personas se enfocaran más en mi pasado o en mi situación actual que en la obra que Dios hizo en mi vida. Tuve que enfrentar ese temor y comprender que no podía controlar lo que los demás pensaran de mí. En 2 Timoteo 1:8, Pablo exhorta a no avergonzarse de dar testimonio del Señor. Aunque mi temor estaba relacionado con exponer mi pasado y enfrentar la opinión de los demás, este pasaje me recuerda la importancia de no permitir que el temor me impida dar testimonio de lo que Dios ha hecho. Al final, mi propósito fue compartir mi historia, no para justificarme ante los demás, sino para dar a conocer la gracia y el poder de Dios para transformar una vida.

Decidí comenzar por mi infancia porque allí hubo situaciones familiares que marcaron mi vida y que ayudan a comprender parte de mi recorrido posterior. La partida de mi papá y el dolor que vivió mi mamá a raíz de ese abandono, afectaron la dinámica familiar y dejaron necesidades emocionales que también influyeron en mi crecimiento. No se trata de responsabilizar a mis padres de todas mis decisiones, sino de mostrar cómo las experiencias de nuestros primeros años pueden dejar huellas que llevamos a la juventud y a ala adultez. Quise recorrer distintas etapa de mi vida para que el lector pudiera comprender cómo se fueron formando ciertas maneras de pensar, sentir y actuar. También considero que esta parte de mi historia permite reflexionar sobre la importancia de la familia y de la presencia de los padres en la vida de sus hijos. No basta con procurarles alimento, educación y estabilidad material; también necesitan sentirse escuchados, amados y acompañados en su desarrollo emocional, mental y espiritual. desde mi perspectiva cristiana, la familia tiene un lugar fundamental en el diseño de Dios. Por eso, quise mostrar que lo que vivimos en la infancia puede tener consecuencias en nuestra vida adulta, sin que eso signifique que nuestro pasado determine nuestro futuro. Mi intención fue compartir el recorrido completo para que se comprendiera no solo de dónde venía, sino también cómo Dios fue obrando en mi vida y transformando aquello que yo no podía cambiar por mis propias fuerzas.

Las preguntas y la fe

Al volver sobre su infancia y su familia durante la escritura, ¿qué pudo comprender de esa etapa? ¿Cómo se relaciona con la búsqueda de afecto y seguridad que cuenta en el libro?

Al escribir, pude mirar mi infancia desde otra perspectiva y reconocer cuánto me hicieron falta la presencia, la protección y la orientación de mis padres. Me faltó sentir esa seguridad de saber que podía acudir a ellos cuando algo no iba bien, cuando alguien me hacía daño o cuando necesitaba consejos. Al mirar atrás, llegué a pensar que, si hubiera tenido esa presencia y ese guía de manera más constante, quizás algunas cosas en mi vida habrían tomado otro rumbo. Sin embargo, hoy comprendo que, aun en medio de esas carencias, nunca estuve fuera del conocimiento ni de la providencia de Dios. El salmo 27:10 expresa esta verdad de una manera muy especial: ·Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”.

También comprendí con mayor claridad la importancia de la familia dentro del deseño de Dios. El matrimonio no es solamente la unión de dos personas que desean compartir la vida, sino un compromiso y un pacto delante de Dios. Al escribir, pude reconocer cuánto pueden influir las relaciones familiares en la vida de los hijos y cuánto necesitan ellos no solo el sustento material, sino también el amor, protección y una presencia que los acompañe en su crecimiento.

Creo que esas primeras experiencias ayudan a comprender parte de lo que busqué durante mi juventud y mi vida adulta. Había en mí un profundo deseo de sentirme amada, protegida, valorada y plena. En esa búsqueda fui tomando decisiones que, lejos de darme la seguridad que anhelaba, me fueron hundiendo cada vez más en situaciones de las que después me resultaba difícil salir. Con el tiempo encontré en mi pareja mucho de aquello que había buscado: amor, compañía, protección y una sensación de seguridad que para mí significó muchísimo. Sin embargo, llegue a comprender que incluso aquello que amaba profundamente y que parecía darme ese oasis que tanto necesitaba estaba en las manos de Dios. Mi seguridad no podía depender de tener garantizada la presencia de una persona ni de que las circunstancias permanecieran como yo deseaba. Fue entonces cuando comencé a comprender que mi vida y la de las personas que amo dependen de la soberanía del Señor. Proverbios 16:9 nos recuerda. “El corazón hombre piensa su camino, más Jehová endereza sus pasos”. Al mirar mi recorrido, puedo reconocer que mi búsqueda estuvo marcada por necesidades y anhelos que intenté satisfacer por distinto caminos. Pero también puedo ver la misericordia de Dios en medio de esa historia. Lo que comenzó como una búsqueda de amor, protección y plenitud terminó llevándome a reconocer cuánto necesitaba al Señor y cuánto dependía de Él.

En el libro, el diagnóstico de cáncer de Millenka marca un momento importante de su búsqueda. ¿Qué preguntas surgieron entonces y cómo fue cambiando su manera de entender la fe?

El diagnóstico de Millenka removió muchas cosas dentro de mí. Me costaba aceptar lo que estaba ocurriendo y no entendía por qué teníamos que atravesar una situación así. Me preguntaba por qué Dios lo permitía y cómo podía conciliar aquel sufrimiento con mi manera de entender su amor. En ese momento tuve sentimientos encontrados: por un lado, el temor de perder a la persona que más amaba y, por otro, una lucha interior mucho más allá de la enfermedad. Con el tiempo, comencé a ver aquella experiencia como una advertencia de Dios, una oportunidad para detenerme y examinar el rumbo que llevaba mi vida. El diagnóstico también hizo que volviera a enfrentarme a preguntas sobra la muerte, la eternidad y mi relación con Señor, cuestiones que durante años había mantenido al margen. Aunque al principio fue le miedo lo que más me movilizó, aquella experiencia me llevó a buscar respuestas en la Palabra de Dios y a revidar mis propias convicciones. Mi fe comenzó a dejar de ser algo que podía mantener al margen de mis decisiones y pasó a confrontar directamente mi manera de vivir. No comprendí todo de un día para el otro, pero aquel momento fue decisivo en mi búsqueda del Señor.

En medio de esas preguntas, ¿qué encontró al acercarse a la Biblia? ¿Qué lugar tuvo la comunidad cristiana en ese proceso y cómo influyó todo ello en las decisiones que comenzó a tomar?

Lo primero que encontré en la Biblia fue una verdad que me confrontó de golpe. Por medio de Ulises, el compañero de Millenka, llegué a Romanos 1:24-28, donde leí que Dios los entregó a pasiones desordenadas. Ese pasaje me hizo detenerme a pensar en nuestra situación delante del Señor, y en las consecuencias espirituales de vivir apartadas de Él.

Comprendí que no se trataba solamente de lo que nosotras sentíamos o de las decisiones que tomábamos, sino también de nuestra relación con Dios. En ese momento yo no entendía muchas cosas de la Biblia, pero había algo que sí creía: que existía un infierno, un lugar de tormento. (Mateo 13:41-42; 25:46) (2 Tesalonicenses 1:8-9). Cuando leí aquellos pasajes, comencé a relacionar lo que estaba descubriendo con el temor de que Millenka pudiera morir y enfrentarse a esa realidad. Eso me hizo cuestionarme cosas que hasta entonces no me había planteado, y despertó en mí la necesidad de saber más.

En cuanto a la comunidad cristiana, en esa etapa yo no buscaba orientación dentro de una congregación, porque no me congregaba ni quería hacerlo. Había decidido vivir mi vida a mi manera y mantenerme apartada de la iglesia, porque no quería que nadie interviniera en mis decisiones ni cuestionara la forma en que estaba viviendo. En ese momento, tampoco comprendía las Escrituras ni tenía el conocimiento necesario para discernir si las enseñanzas y prácticas de aquella congregación, eran bíblicas. Eso es algo que llegué a comprender después, a medida que fui conociendo más de la Palabra de Dios. Sin embargo, aquella lectura de Romanos fue el comienzo de una búsqueda personal. Aunque al principio no comprendía bien las Escrituras, empecé a leer más, a investigar y a tratar de entender lo que Dios decía. Ese acercamiento comenzó a influir en mis decisiones porque me llevó a examinar mi propia vida a la luz de la Palabra y a preguntarme si estaba viviendo conforme a la voluntad de Dios. Con el tiempo, el Señor fue poniendo en mi camino otros medios y personas que me ayudaron a conocer más su Palabra. A través de ese proceso, el Espíritu Santo fue confrontándome con mi pecado y guiándome a la verdad, tal como enseña Juan 16:8;13. Poco a poco, mi relación con Dios comenzó a cambiar, y también mi manera de ver mi propia vida.

El sentido de comenzar

Hoy, al mirar hacia atrás, ¿qué lugar tienen el arrepentimiento, la gracia y el perdón en su manera de entender lo vivido? ¿Cómo se refleja la redención en su vida cotidiana?

Hoy miro mi pasado con vergüenza y con el deseo de que aquello que fui no sea lo que otros vean en mí. Sin embargo, no puedo borrar mi historia, y he llegado a verla también como un testimonio de que el ser humano no puede transformar por sí solo su corazón. Mi arrepentimiento nació al reconocer quien era yo delante de un Dios Santo y Justo. Su gracia alcanzó incluso aquello de mí que me avergonzaba, y su misericordia me permitió entender que mi pasado ya no tiene por qué definir quién soy hoy. No veo mi transformación como un logro personal, sino como una obra de Dios que nunca habría podido merecer.

La redención significó encontrar una esperanza que antes no tenía. Hoy sigo enfrentando tentaciones, aflicciones y preocupaciones, pero ya no intento resolverlo todo dependiendo únicamente de mis propias fuerzas o de mi manera de ver las cosas. Ahora lucho por pensar, sentir y actuar conforme a la voluntad de Cristo, buscando que Él sea glorificado en mi manera de vivir. Para mí, la redención no consiste en tener una vida sin dificultades, sino en vivir esas dificultades desde una nueva posición delante de Dios.

Pensando en quienes se acerquen a Contigo comenzó, especialmente si atraviesan dolor o incertidumbre, ¿qué le gustaría que encontraran en sus páginas? ¿Qué desea transmitirles, cualquiera que sea su relación con la fe?

Es pero que quienes lean mi historia encuentren esperanza, especialmente quienes sienten que están en un pozo y no saben cómo salir de él. Mi deseo es mostrarles que la verdadera esperanza no depende de nuestras capacidades, sino de Dios, quien puede transformar nuestra vida cuando nos volvemos a Él. Mi testimonio también invita a reflexionar sobre la importancia de la familia en la formación moral y espiritual de los hijos, y sobre las consecuencias que puede tener la falta de orientación, atención y acompañamiento durante su crecimiento. En mi caso, hubo decisiones y experiencias que marcaron mi vida y me alejaron del propósito de Dios. El arrepentimiento fue fundamental en mi camino, pero el cambio no dependió de mis propias fuerzas. Dios tuvo misericordia de mí y me concedió una nueva vida, no porque yo la mereciera, sino por su gracia. Como expresa Romanos 9:15, la misericordia pertenece a Dios y depende de su voluntad soberana.

Espero que quienes se acerquen a estas páginas puedan conocer a ese Dios fiel a su Palabra y descubrir que, aun en medio de sus luchas pueden acudir a Él. No presento mi libro como sustituto de las Escrituras, porque es en la Palabra de Dios donde encontramos la verdad. Mi deseo es que este testimonio despierte en los lectores el interés por conocerle personalmente, cualquiera que sea su relación actual con la fe. También considero importante recordar que nuestra confianza debe estar puesta en Dios y no exclusivamente en quienes nos enseñan acerca de Él. En mi propia experiencia, depositar mi confianza en un pastor me llevó a dar más crédito a sus palabras que a la Palabra de Dios. Cuando alguien que enseña las Escrituras las acomoda a su conveniencia, puede confundir y dañar la fe de quienes confían en el predicador. No se trata de juzgar a todos por igual, sino de recordar que ningún ser humano es infalible y que toda enseñanza debe examinarse a la luz de las Escrituras.

Para cerrar, ¿cómo ha vivido esta primera experiencia de escritura y publicación? ¿Le gustaría seguir escribiendo o hay algún proyecto que tenga en mente?

Contigo comenzó es mi primer libro y mi primera experiencia en el mundo de la escritura y la publicación. Por ahora no tengo proyectos concretos, aunque hay un título que tengo en mente. Si el Señor me permite seguir escribiendo, los temas estarán relacionados con la fe cristiana y con aquello que Él quiera que comparta. No puedo adelantar más, porque no sé si habrá un próximo libro; eso está en sus manos. Quizás este haya sido el propósito que tenía para mí en esta etapa, o quizás me permita continuar. Por ahora, solo me corresponde agradecerle por haberme permitido llegar hasta aquí.

Para Karen Araya, escribir Contigo comenzó fue una manera de dar testimonio y de acercarse a personas que pudieran encontrar esperanza en su historia. A lo largo de esta conversación, ha compartido tanto las razones de esa decisión como el temor que sintió al hacer pública una parte de su vida. El libro reúne una experiencia personal contada desde la fe cristiana. Invitamos a los lectores a conocerlo y a acercarse a las preguntas que lo recorren sobre la familia, el sufrimiento y la relación con Dios. Agradecemos a Karen su disposición para hablar de ese proceso con nosotros.

Aquiere este libro en Amazon y en la web de Grupo Ígneo.

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