Fundar un negocio y saber dirigirlo son competencias diferentes. La primera puede surgir de una oportunidad, una necesidad o una buena idea; la segunda exige método. En esa distancia se instala Dr. CEO. Cómo emprender y no morir en el intento, de Abraham Abramovitz. A través de dieciocho reglas, el autor plantea una aproximación práctica a la gestión empresarial que comienza, curiosamente, antes de hablar de indicadores, equipos o resultados: comienza por el propio emprendedor.
Esta decisión resulta significativa. El fundador suele analizarse como quien resuelve los problemas de la empresa, pero pocas veces como uno de los factores que pueden condicionarla. Su capacidad para aprender, priorizar, delegar y administrar el desgaste también repercute en la organización.
El fundador también forma parte del sistema
Abramovitz introduce el autocuidado dentro de una conversación habitualmente dominada por productividad y crecimiento. No lo plantea como una concesión al bienestar, sino como una cuestión de sostenibilidad.
Un CEO agotado continúa tomando decisiones. La diferencia es que probablemente no las toma en las mejores condiciones.
Desde esta perspectiva, la gestión empresarial empieza por reconocer que tiempo, atención y energía también son recursos limitados. Administrarlos correctamente resulta tan importante como controlar determinados recursos financieros u operativos.
De “creo que estamos avanzando” a saber si realmente ocurre
Cuando el libro entra en el terreno de la estrategia, aparecen herramientas concretas como los OKR y los KPI. Aquí la propuesta adquiere un carácter especialmente operativo.
Los OKR ayudan a definir qué se pretende alcanzar y qué resultados permitirán comprobarlo. Los KPI, por su parte, permiten observar variables relevantes del desempeño. La distinción importa porque medir mucho no equivale necesariamente a comprender mejor una empresa.
La gestión empresarial requiere seleccionar información que sirva para decidir.
Este principio parece sencillo, aunque tiene consecuencias importantes: obliga al emprendedor a abandonar parte de la intuición inicial para contrastarla con resultados.
Una empresa empieza a madurar cuando deja de depender de una sola persona
Este quizá sea uno de los puntos más interesantes para leer Dr. CEO. Al principio, el fundador puede estar prácticamente en todas partes. Vende, decide, supervisa, resuelve y corrige. Sin embargo, aquello que funciona con tres personas difícilmente funciona igual con treinta.
Ahí aparece la cultura.
Para Abramovitz, compartir principios, hábitos y una visión común permite coordinar al equipo más allá de las instrucciones permanentes del líder. La gestión empresarial adquiere entonces una dimensión colectiva: la organización necesita aprender a funcionar sin que cada decisión dependa exclusivamente de quien la fundó.
La cultura deja de ser un concepto abstracto y pasa a cumplir una función concreta en el crecimiento.
Las 18 reglas importan menos que aprender a corregir
El título podría hacer pensar en un manual de fórmulas. Sin embargo, la propuesta resulta más interesante cuando sus dieciocho reglas se entienden como un sistema de criterios.
Emprender ocurre en condiciones de incertidumbre. Una estrategia puede funcionar durante una etapa y dejar de hacerlo después. Un indicador puede perder relevancia. Incluso una práctica que ayudó inicialmente al equipo puede convertirse en un obstáculo cuando la empresa crece.
Por eso, aprender ocupa un lugar transversal en el libro.
Observar. Medir. Corregir. Volver a intentar.
En esa secuencia aparece una concepción de la gestión empresarial menos rígida y, probablemente, más cercana a la realidad de dirigir una organización.
Entonces, ¿qué enseña realmente Dr. CEO?
No enseña simplemente a abrir una empresa. Su pregunta es otra: ¿qué necesita aprender una persona para que aquello que comenzó pueda sostenerse?
La respuesta de Abraham Abramovitz reúne autocuidado, estrategia, medición, cultura y liderazgo. Ninguno de estos componentes garantiza por separado el éxito de un emprendimiento. Juntos, sin embargo, ofrecen un marco para tomar decisiones con mayor criterio.
Ese es probablemente el aporte más útil de Dr. CEO. Cómo emprender y no morir en el intento: desplazar la conversación desde el entusiasmo de “tener una empresa” hacia la responsabilidad de aprender a dirigirla.
Porque una idea puede poner en marcha un negocio. Mantenerlo vivo exige algo bastante menos espontáneo: método.
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Dr. CEO. Cómo emprender y no morir en el intento (Abraham Abramovitz)
