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Más allá del arco: Elena Beyer explora el TDAH infantil sin etiquetas

Comunicaciones Igneo Sep 29, 2026 Deportes, Infantil, Voces de Autores 0 Comentarios
Elena Beyer cuenta cómo nació Más allá del arco y reflexiona sobre el TDAH infantil, las fortalezas de Domingo y el papel de familias y docentes.

¿Qué hay detrás de un niño al que constantemente le piden que se quede quieto o preste atención? En Más allá del arco, Elena Beyer nos presenta a Domingo, un portero que brilla en la cancha y enfrenta otros desafíos fuera de ella. Conversamos con la autora sobre el TDAH infantil, la neurodiversidad y la importancia de mirar más allá de las etiquetas.

¿Cómo nació Más allá del arco y qué la impulsó a escribir una historia sobre neurodiversidad infantil?

Más allá del arco nace de la necesidad de contar el TDAH desde un lugar distinto. Muchas veces hablamos de estos niños a partir de lo que les cuesta: concentrarse, quedarse quietos, esperar, organizarse o controlar sus impulsos. Yo quería mostrar qué ocurre detrás de esas conductas y, especialmente, qué pasa emocionalmente cuando un niño crece sintiendo que constantemente tiene que corregirse para encajar.

Como psicóloga, pero también desde mi experiencia como mamá de un hijo con TDAH, me interesaba crear una historia que permitiera que un niño pudiera decir: “Esto también me pasa a mí”, y que al mismo tiempo ayudara a padres y profesores a mirar esas mismas conductas con otros ojos. El libro está dedicado precisamente a esos niños que muchas veces se sienten incomprendidos y a los adultos capaces de crear espacios donde puedan desarrollarse.

¿Domingo está inspirado en alguna experiencia cercana o surgió de la ficción?

Domingo está inspirado en mi hijo menor. Por eso, probablemente es el personaje que más cerca siento y también una de las razones por las que esta historia es tan significativa para mí.

Como mamá de un hijo con TDAH, hubo muchas situaciones que primero conocí desde ese lugar: las llamadas del colegio, las anotaciones, la dificultad de ver que ciertas conductas eran interpretadas como falta de esfuerzo o mala conducta y, al mismo tiempo, conocer al niño que había detrás de todo eso: sus fortalezas, su sensibilidad, sus intereses y también el esfuerzo que hacía por adaptarse. Esa experiencia personal es parte importante del origen de Domingo. En el libro, por ejemplo, la madre conoce una dimensión de su hijo que muchas veces queda oculta detrás de las dificultades que observa el colegio.

¿Por qué eligió el fútbol y, específicamente, la posición de portero como escenario para contar esta historia?

Porque el arco permite mostrar muy bien una paradoja que atraviesa toda la historia. Dentro de la cancha, Domingo sabe exactamente qué hacer. Tiene reflejos rápidos, anticipa jugadas, toma decisiones en segundos, y esa intensidad que en otros contextos puede generarle dificultades se transforma en una fortaleza.

Fuera de la cancha, en cambio, las reglas no siempre son tan claras. Tiene que permanecer sentado, esperar turnos, seguir instrucciones largas, organizarse y controlar impulsos. Me interesaba mostrar que una misma característica puede ser experimentada de maneras muy diferentes dependiendo del contexto. El problema no siempre está solamente en el niño; también importa mucho el entorno en el que esperamos que ese niño funcione.

¿Qué hay “más allá del arco” para Domingo y qué representa esta expresión dentro del libro?

En Más allá del arco está Domingo completo.

El arco representa el lugar donde se siente competente, reconocido y seguro. Pero Domingo es mucho más que el buen portero que recibe aplausos. Fuera de ese espacio también está el niño que se distrae, se frustra, interrumpe, recibe etiquetas, se siente diferente y poco a poco necesita aprender a comprenderse.

Por eso el título habla de identidad. Al final de la historia, Domingo comprende que no es solamente futbolista ni tampoco “el niño con TDAH”. Es hijo, hermano, estudiante, amigo y una persona que sigue aprendiendo quién es.

En ocasiones, ciertas conductas infantiles se interpretan como desobediencia o falta de interés. A través de la experiencia de Domingo, ¿qué deberían aprender a observar los adultos antes de calificar una conducta de esa forma?

Creo que la primera pregunta debería ser: “¿Qué puede estar ocurriendo detrás de esta conducta?”

Domingo interrumpe, se distrae, comienza tareas y no siempre las termina. Desde fuera, alguien podría interpretar que no le interesa, que no se esfuerza o que está molestando deliberadamente. Sin embargo, la historia muestra el enorme esfuerzo que realiza para controlar su atención y sus impulsos.

Una conducta observable no explica por sí sola por qué está ocurriendo. Antes de etiquetar a un niño como flojo, desobediente, desordenado o problemático, necesitamos preguntarnos qué habilidad todavía no logra desarrollar, qué demanda le está resultando difícil y qué apoyo podría necesitar.

Aunque Domingo afronta diferentes desafíos, la obra también destaca sus capacidades. ¿Por qué era importante mostrar ambas dimensiones del personaje?

Porque no quería escribir una historia en la que el TDAH fuera presentado únicamente como déficit, pero tampoco quería romantizarlo.

Domingo tiene dificultades reales. Se distrae, actúa impulsivamente, le cuesta esperar, y esas características tienen consecuencias. Pero también es creativo, rápido, sensible, empático y tiene una enorme capacidad para concentrarse cuando algo realmente despierta su interés.

Mostrar ambas dimensiones es importante porque un diagnóstico puede explicar ciertas dificultades, pero nunca debería convertirse en la identidad completa de una persona. Una de las ideas centrales del libro es precisamente esa: Domingo tiene TDAH, pero Domingo no es el TDAH.

El libro aborda la neurodiversidad desde una perspectiva positiva y libre de estigmas. ¿Qué ideas equivocadas sobre las infancias neurodivergentes le gustaría ayudar a transformar?

Principalmente la idea de que un niño que no responde como esperamos es necesariamente un niño que “no quiere”.

“No quiere concentrarse”, “no quiere quedarse quieto”, “no quiere obedecer”, “no le importa”. A veces confundimos dificultad con falta de voluntad.

También quisiera cuestionar la idea de que existe una única manera correcta de aprender, comportarse o procesar el mundo. En el libro, la profesora explica la neurodiversidad diciendo que el cerebro de Domingo funciona como un juego de mesa diferente: tiene reglas distintas, pero eso no lo hace menos valioso.

Comprender la neurodiversidad no significa negar las dificultades. Significa reconocerlas sin convertirlas en un juicio sobre el valor del niño.

La historia muestra que las pequeñas adaptaciones pueden producir cambios significativos. ¿Qué gestos cotidianos pueden hacer que un niño se sienta comprendido e incluido?

Muchas veces no necesitamos intervenciones extraordinarias. Necesitamos observar mejor.

En el caso de Domingo, aparecen estrategias muy sencillas: dividir las instrucciones en pasos cortos y claros, incorporar apoyos visuales, permitir pequeñas pausas de movimiento o utilizar un objeto sensorial para canalizar su energía.

Pero hay una adaptación todavía más importante: cambiar la mirada del adulto. Pasar de “¿por qué no haces lo que te digo?” a “¿qué está haciendo difícil que puedas hacerlo?”. Ese cambio parece pequeño, pero puede modificar profundamente la experiencia de un niño.

¿Cómo se puede enseñar a otros niños a reconocer y respetar distintas maneras de pensar, sentir y relacionarse con el entorno?

Hablando de las diferencias con naturalidad.

Cuando escondemos una diferencia o la tratamos como algo vergonzoso, los niños aprenden rápidamente que hay algo malo en ella. En cambio, podemos enseñar que no todos necesitamos las mismas cosas para aprender o regularnos.

En la historia ocurre algo interesante: cuando la profesora explica al curso qué significa la neurodiversidad, cambia la manera en que los compañeros miran a Domingo.

No se trata de pedirles que sientan pena por quien es diferente, sino de enseñar empatía: “Quizás yo no necesito lo mismo que tú, pero puedo comprender que tú sí lo necesites”.

El libro utiliza un lenguaje accesible para abordar temas complejos. ¿Cuál fue el principal desafío al escribir una historia que pudiera conectar tanto con los niños como con los adultos?

El principal desafío fue hablar de algo complejo sin convertir el libro en una clase sobre TDAH.

Quería que un niño pudiera disfrutar la historia de Domingo sin sentir que estaba leyendo un manual, pero que un adulto pudiera descubrir una segunda lectura y preguntarse qué está ocurriendo detrás de determinadas conductas.

Por eso aparecen imágenes como la “mente zumbante”, el motor interno o el “botón de pausa”. Son maneras simples de representar experiencias relacionadas con la atención, la impulsividad y la autorregulación. Por ejemplo, Domingo aprende a utilizar ese botón de pausa para detenerse antes de actuar.

Mi intención fue que los conceptos psicológicos estuvieran presentes, pero al servicio de la historia y no al revés.

¿Qué conversación espera que surja en las familias y las aulas después de leer Más allá del arco?

Me gustaría que surgiera una pregunta muy sencilla: “¿Qué hay detrás de lo que estoy viendo?”

Que un padre pueda mirar de otra manera una conducta que hasta ayer interpretaba como flojera. Que un profesor pueda preguntarse si un alumno necesita una instrucción diferente antes de concluir que no está prestando atención. Y, sobre todo, que un niño pueda hablar de lo que le ocurre sin sentir que hay algo defectuoso en él.

La historia de Domingo plantea que acompañar el TDAH es un trabajo compartido entre el propio niño, su familia, los educadores y los profesionales, y que las estrategias necesitan ir adaptándose a lo largo del tiempo.

Si después de leer el libro una familia o un curso comienza a reemplazar algunas etiquetas por preguntas, creo que la historia ya habrá cumplido una parte importante de su propósito.

Por último, ¿en qué nuevos proyectos literarios se encuentra trabajando y qué pueden esperar próximamente sus lectores?

Estoy trabajando en un nuevo libro que, por ahora, llamo “Historias en 3 minutos”. Es un proyecto compuesto por relatos muy breves inspirados en situaciones cotidianas: esas en las que nos cuesta decir que no, nos gana la ansiedad, postergamos lo importante, nos exigimos demasiado o terminamos atrapados en lo que pensamos que los demás esperan de nosotros.

La idea es mantener algo que también está presente en Más allá del arco: acercar la psicología a la vida real. No quiero escribir solamente para profesionales, sino para personas que puedan reconocerse en una historia y pensar: “Esto me pasa a mí”. Cada relato busca abrir una pequeña reflexión y entregar algunas herramientas psicológicas concretas que puedan llevarse a la vida cotidiana.

Este libro también forma parte de un proyecto más amplio que estoy desarrollando bajo Valora®, una marca que busca acercar la psicología y el bienestar emocional a las personas a través de distintos formatos: libros, guías prácticas, contenidos y recursos psicológicos.

En ese sentido, Más allá del arco no lo veo como un proyecto aislado, sino como el comienzo de algo que quiero seguir construyendo: hacer que conceptos que a veces parecen complejos puedan entenderse, reconocerse y utilizarse en la vida cotidiana. Si una persona termina una historia comprendiendo un poco mejor lo que le ocurre, o mirando de otra manera lo que le pasa a alguien cercano, para mí ya ocurrió algo importante.


La historia de Domingo invita a familias y docentes a detenerse antes de juzgar una conducta y preguntarse qué apoyo puede necesitar un niño. Comprender sus dificultades también implica reconocer sus fortalezas y darle espacio para ser mucho más que un diagnóstico. Si deseas conocer su historia, puedes adquirir Más allá del arco en Amazon o en la web de Grupo Ígneo.

Más allá del arco. Una historia sobre TDAH, fútbol y resiliencia (Elena Beyer Hauck)

autores chilenosCuentosLiteratura infantil
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