En Camino a la libertad. Coaching para la prevención y el tratamiento de las adicciones, el autor y coach Alejandro Baschuk propone un enfoque distinto para comprender y enfrentar las adicciones. A través de preguntas poderosas y herramientas de autoconocimiento, su obra invita a mirar hacia adentro para encontrar las respuestas necesarias en el proceso de rehabilitación.
Conversamos con él sobre los orígenes del libro, la integración del coaching con los tratamientos tradicionales y la importancia de una mirada integral que contemple cuerpo, mente y espíritu.
El origen del camino
Camino a la libertad nace como una guía práctica frente a las adicciones. ¿Qué te impulsó a escribirlo: una experiencia personal, tu labor como coach o la necesidad de ofrecer una herramienta clara y accesible?
—Ante la crisis social y la violencia que vivimos, y frente a la proliferación de elementos que fomentan las adicciones —como las casas de apuestas, los videojuegos, el mal uso del celular, el alcohol y las drogas—, sentí la necesidad de buscar una alternativa viable y comprobada para la lucha contra las adicciones. A través del coaching, descubrí que mediante preguntas poderosas orientadas a la introspección, las personas pueden encontrar dentro de sí mismas las respuestas necesarias para resolver sus problemas, fijar nuevos objetivos y construir un estilo de vida distinto. Quise que este libro fuera una herramienta accesible para todos, un puente entre la reflexión personal y la acción concreta.
¿Hubo aprendizajes o descubrimientos durante la escritura que no habías visto en tu trabajo cotidiano?
—Durante la escritura del libro hubo muchas sorpresas gratas. Una de ellas fue constatar los resultados alcanzados durante las pruebas de campo con personas adictas. Ver cómo, al enfrentarse a las preguntas y reflexiones propuestas, lograban identificar sus propias respuestas y salir de la adicción fue profundamente conmovedor. Este proceso me permitió redescubrir el poder del acompañamiento desde el coaching y la fuerza interior que cada ser humano tiene para sanar cuando se le ofrecen las herramientas adecuadas.
El coaching como herramienta
Decidiste integrar principios del coaching con estrategias de prevención y tratamiento. ¿Por qué consideraste necesario este enfoque combinado?
—El coaching no pretende eliminar ni reemplazar los programas de rehabilitación existentes. Al contrario, busca sumarse a ellos como una alternativa viable y comprobada. La diferencia está en que el coaching invita a la persona a mirar dentro de sí misma para reconocer las causas, las razones y las soluciones que necesita. Es un proceso introspectivo, centrado en el presente y en los tiempos personales de cada individuo, que permite reflexionar con calma y establecer objetivos de vida a partir de la autoconciencia.
¿Qué aporta el coaching que no se encuentra siempre en un abordaje médico o psicológico?
—El coaching no pretende dar soluciones cerradas ni recetas. Lo que hace es acompañar, a través de preguntas de introspección, para que la persona encuentre dentro de sí las respuestas que necesita. A diferencia de otros abordajes que se enfocan más en el diagnóstico o en el pasado, el coaching se centra en el presente con una mirada hacia el futuro, ayudando a construir un proyecto de vida saludable y con sentido.
En el libro mencionas las resistencias iniciales. ¿Cuáles son las más comunes y cómo se pueden superar?
—Las resistencias más comunes son la dificultad para aceptar la enfermedad de la adicción y la resistencia al cambio, especialmente cuando implica adoptar un nuevo estilo de vida. Son barreras naturales, pero el trabajo consiste en acompañar al individuo a reconocerlas, enfrentarlas y comprender que el cambio, aunque desafiante, es posible y necesario para alcanzar la libertad.
Una mirada integral: cuerpo, mente y espíritu
Afirmas que la recuperación abarca no solo lo físico, sino también lo emocional, lo social y lo espiritual. ¿Qué dimensión resulta más desafiante de trabajar?
—Cada una presenta sus propios desafíos y depende del estado y la predisposición de la persona. Sin embargo, la parte emocional suele ser la más difícil, porque el adicto necesita reconectarse con su mundo interior y aprender a gestionar emociones que muchas veces han sido reprimidas o canalizadas a través del consumo. Trabajar esa dimensión es fundamental para construir bases sólidas de recuperación.
Una parte clave del libro es aprender a identificar detonantes. ¿Cómo puede alguien reconocer sus detonantes sin sentirse derrotado por ellos?
—Los detonantes son todos aquellos estímulos que llevan a pensar en consumir. Pueden ser internos —como recuerdos negativos, depresión, sentimientos de inutilidad, ideas equivocadas sobre las drogas o problemas personales— o externos, como amigos o lugares de consumo, la presión de grupo o la dificultad para decir que no. Reconocerlos no debe interpretarse como una derrota, sino como un paso de enorme poder personal. Identificarlos permite anticiparse, prevenir recaídas y fortalecer la decisión de cambio.
¿Qué lugar ocupa la espiritualidad en tu propuesta: como un recurso universal o como una experiencia que cada persona adapta a su historia?
—La espiritualidad es fundamental, pero debe vivirse de manera personal. En el libro propongo que cada individuo emprenda una búsqueda interior de su fe, cualquiera sea su forma de entenderla. Lo importante es incorporarla a la vida cotidiana como una práctica que brinde fortaleza, sentido y dirección. En ese aspecto, la espiritualidad se convierte en un pilar para sostener la rehabilitación y el crecimiento personal.
Acompañar y sostener
Tu libro también se dirige a familiares y profesionales. ¿Qué deberían comprender quienes acompañan un proceso de recuperación?
—En el caso de los profesionales, es esencial contar con una herramienta poderosa que ayude al adicto a realizar una búsqueda profunda de las respuestas que necesita. Para la familia, el libro representa una guía de autoconocimiento que les permite entender su propio rol en el proceso, especialmente en lo que respecta a la codependencia. La familia debe aprender que acompañar no significa controlar, sino comprender, aceptar y sostener con límites claros y amor.
Muchas veces el entorno busca “salvar” al adicto. ¿Cómo se puede apoyar sin caer en la dependencia o el control?
—El primer paso es aceptar que la familia también se enferma. Nadie puede salvar a otra persona: la recuperación es un proceso personal. Por eso es importante que los familiares establezcan límites, no se dejen manipular, adquieran conocimientos sobre el tema, asistan a grupos de apoyo y respondan sus propias preguntas sobre la adicción. Solo así podrán acompañar desde un lugar sano y constructivo.
¿Hay alguna experiencia que te haya marcado especialmente?
—El libro pasó por muchas pruebas de campo para verificar su efectividad en procesos de rehabilitación, y sí, hubo experiencias muy significativas. Ver a personas que, al revisarse, encontraron dentro de sí las respuestas que estaban buscando para salir adelante, fue sumamente gratificante. Esos testimonios de cambio y crecimiento personal son la mejor confirmación de que el enfoque funciona.
Una guía práctica y motivadora
El estilo del libro es claro y cercano. ¿Fue un reto mantener ese tono al tratar un tema tan complejo?
—Sí, sin duda. La idea de este libro nació ante el aumento de personas adictas que no encontraban respuestas en los tratamientos tradicionales. Por eso quise ofrecer una alternativa distinta, viable y comprobada, que ayude a las personas y sus familias a enfrentar el problema desde otra perspectiva. Mantener un tono claro y comprensible fue una prioridad, porque el mensaje debía llegar a todos, sin tecnicismos innecesarios, pero con profundidad y esperanza.
Entre todas las herramientas que compartes, ¿cuál consideras más poderosa para dar el primer paso hacia el cambio?
—Hay varias que considero fundamentales: las preguntas poderosas y desafiantes, el autoconocimiento, la reestructuración cognitiva y, por supuesto, el proceso completo de rehabilitación. Todas se complementan, pero las preguntas son la llave que abre el proceso de reflexión y transformación interior.
Si un lector pudiera quedarse solo con una frase o práctica de Camino a la libertad, ¿cuál te gustaría que fuera?
—“Al cuestionarme profundamente sacaré de mí todo lo que necesito para ser la mejor versión de mí mismo.” Esa frase resume el espíritu del libro y la esencia del coaching: el poder está dentro de cada uno.
Futuro y propósito
Después de este libro, ¿qué nuevos caminos te interesa explorar?
—Estoy trabajando en nuevos proyectos relacionados con el crecimiento personal. Además, estoy desarrollando talleres y generando alianzas que permitan que más personas tengan acceso al libro y, con ello, la oportunidad de construir una vida funcional, exitosa y feliz. Mi objetivo es seguir expandiendo esta propuesta para que llegue a quienes más la necesitan.
Con Camino a la libertad, Alejandro Baschuk ofrece mucho más que un método: propone un viaje hacia el interior, un proceso de autodescubrimiento y transformación. Su enfoque une el poder del coaching con la comprensión humana, recordándonos que la verdadera libertad comienza cuando uno se atreve a mirarse a sí mismo.
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