Entrevista
Alexandra Cugler sobre turismo sostenible: «hay mucha resistencia al cambio»

Conversamos con Alexandra Cugler sobre El Perú que podemos construir, una guía que recoge su experiencia en turismo, medio ambiente y gestión pública. En esta entrevista, nos habla de los aprendizajes de su trabajo municipal, del significado de las imágenes que acompañan su propuesta y de la importancia de escuchar a quienes viven en los destinos turísticos. Sus respuestas nos acercan a las ideas que ha desarrollado para cuidar el patrimonio y mejorar la convivencia en nuestras comunidades.
Visión de país y valores estéticos
El título El Perú que podemos construir plantea una tarea colectiva. ¿Qué papel debería cumplir el turismo en un modelo de desarrollo orientado al bienestar de los peruanos?
El turismo sostenible es una herramienta basada en las experiencias mundiales sobre qué hacer y cómo evitar impactos negativos. También se le llama turismo verde y, en el caso del Perú, me parece que funciona de maravilla como una manera de unirnos en el desarrollo y en la conservación de nuestra identidad, para que el desarrollo no dependa únicamente de otras industrias.
Patrimonio natural y restauración ambiental
Entre esas imágenes aparece el árbol de la quina, que reúne patrimonio natural e identidad nacional. ¿Cómo puede el reconocimiento de ese valor traducirse en educación ambiental y prácticas de conservación?
¡Ay, el árbol de la quina! Sí, ese árbol maravilloso, conocido por sus propiedades medicinales, también tiene un peso en nuestra identidad. ¿Por qué? Porque está en el escudo nacional.
Hace pocos meses, el 22 de abril, Día de la Tierra, hubo una presentación sobre el árbol de la quina en el Congreso de la República, y me quedé sorprendida por su casi nula presencia en nuestro territorio. Es decir, hay más hectáreas de quina en otros países que en el propio Perú, y eso no tiene sentido.
Además, la educación ambiental implica conservar especies y lograr que las personas nos reunamos alrededor de ellas.
La silueta del Perú aparece cubierta de vegetación. ¿Qué condiciones debería cumplir un destino turístico para que esa imagen de país ecológico y sostenible se refleje en su gestión cotidiana?
Ah, la silueta del Perú iba a ser la carátula de este libro. Sin embargo, en el camino, su color y su vegetación terminaron acompañando a esta guía como un soporte artístico para la estética y el amor por la naturaleza que nuestro país merece.
Como verás, la portada ahora responde más bien a las ciudades que puede construir cada región, cada municipio de la mano con una buena industria turística, en equilibrio con los elementos naturales que sostienen la vida: aire, agua, suelo, energía y, sobre todo, tierra.
La restauración ambiental es una de las vías que plantea para avanzar hacia ese modelo. ¿Qué criterios deberían orientar la aplicación de técnicas como la biorremediación y la evaluación de sus resultados?
Con la experiencia, los profesionales en turismo, medio ambiente y gestión pública hemos visto que la restauración ambiental es una de las vías para avanzar hacia ese modelo de sostenibilidad que se llama turismo verde y contaminación cero. Es una fórmula excelente y genera empleo.
La aplicación de técnicas como la biorremediación y la evaluación de sus resultados deberían vincularse con lo que hoy en día llamamos rendición de cuentas. Los políticos invierten y desarrollan proyectos que cuentan con la voluntad de los propietarios de los terrenos.
Lo que se llama participación ciudadana es justamente eso: escuchar sus ideas, compartir con sinceridad y rendir cuentas al final, para que todos sepamos qué se hace en nuestro barrio, en nuestra jurisdicción, en el ecosistema, en la cuenca y en el país.
Patrimonio cultural y participación ciudadana
Junto a la naturaleza, el libro da un lugar importante al patrimonio cultural. La ilustración de Piquillacta presenta la innovación como parte de nuestra historia. ¿Qué aprendizajes de su organización urbana considera útiles para planificar los destinos turísticos actuales?
Considero muy importante que los urbanistas y los desarrolladores estudien el caso de Piquillacta. Es una maravilla de la época preinca, y sus trazos, tecnología y diseño serán útiles para planificar los destinos turísticos, por la forma en que se gestionaban el agua y los espacios residenciales e institucionales.
Los wari y sus vestigios dejaron en el Perú un legado para los incas y para nosotros también. En todos esos monumentos, que ya son milenarios, encontramos tecnología y arte, gestión pública y economía.
En los centros históricos, la conservación también involucra a quienes viven y trabajan allí. ¿Cómo deberían planificarse y financiarse las intervenciones patrimoniales para mantener su función residencial y asegurar un mantenimiento continuo?
¡Qué linda pregunta! Gracias. Sí, efectivamente, mi carrera turística se vio enriquecida con la oportunidad de rescatar el centro histórico de Santiago de Surco, en la ciudad de Lima.
Gracias a los cursos de capacitación que recibimos varios distritos en la época del alcalde Alberto Andrade y del alcalde Carlos Dargent, adquirimos conocimientos sobre cómo se recuperan los centros históricos. A esos cursos vinieron participantes de todas las grandes ciudades de América Latina, y el impacto de sus enseñanzas se puede ver hasta el día de hoy. Miren cómo el centro histórico de Lima ya cuenta incluso con Pro Lima.
Es un tema vigente, latente y vital.
¿Qué mecanismos de participación ciudadana permitirían que los residentes intervengan en esas decisiones y reciban los beneficios del turismo, sin quedar desplazados por su crecimiento?
Hay miles de formas de participación ciudadana, pero hoy en día todavía están bastante inmaduras. La verdad es que los residentes no saben dirigirse a las autoridades sin renegar, y las autoridades no saben escuchar a los propietarios de los terrenos con verdadera disposición, porque están apuradas, porque ya pensaron cuál sería el proyecto que les gustaría y no tienen paciencia para escuchar.
Sin embargo, es una obligación tanto de los ciudadanos como de las autoridades hacer que los proyectos y las decisiones sean beneficiosos para la ciudad y para el turismo, con una visión de mediano plazo.
Infraestructura, tecnología e inclusión
La imagen de las tres capas de una sociedad sostenible conecta naturaleza, ciudad y redes digitales. ¿Cómo debería integrarse la gestión de estas infraestructuras para atender las necesidades de residentes y visitantes?
Esta imagen también fue creada con inteligencia artificial. En los cursos que he llevado en el Colegio de Ingenieros, durante décadas, hemos conversado sobre la evaluación del impacto ambiental. Ese impacto se mide en todas esas esferas: la litosfera, la biosfera y la atmósfera.
La vida de los residentes hoy en día depende mucho de las telecomunicaciones. Las inversiones en turismo también deben considerar la conservación del agua, del suelo y del aire. Cuidar su calidad requiere comprender sus interacciones.
Cuando llegó a nuestra civilización la ciencia de la ecología, a fines de 1890, dejamos de ver el planeta únicamente desde la zoología y la botánica, y pudimos comprender las interacciones que tiene cada planta y ser vivo con su entorno. Los elementos que les afectan directamente son justamente el aire, el agua, la energía y la composición del suelo.
Todos los seres humanos estamos unidos en esa imagen: son tres esferas gigantes, circulares, enormes, planetarias. Pero no por ello podemos perder nuestra identidad propia ni los valores turísticos, naturales y culturales que nos rodean.
Dentro de esa integración, menciona herramientas como blockchain. ¿En qué procesos concretos de la gestión turística podrían aportar transparencia y qué condiciones serían necesarias para que la información registrada sea confiable?
Es verdad, la palabra blockchain forma parte del próximo libro que estoy escribiendo, que trata sobre facilitación. Espero poder publicarlo pronto, porque el blockchain es una herramienta informática que registra mejor que los escribanos, pues sus registros no se pueden borrar.
Lo que el blockchain nos ha traído al mundo moderno es la riqueza de la transparencia para las transacciones, los negocios, los tratos y los tratados. Los procesos de gestión turística a veces son transfronterizos y, en muchos casos, todo lo que ha construido nuestra civilización está basado en buenos registros: en bibliotecas, en iglesias, en libros de ciudadanos, en el registro civil y en el registro público, entre otros.
Lo que hace confiable al blockchain es su trazabilidad.
Los viveros comunitarios ofrecen un ejemplo de encuentro entre naturaleza, educación y participación. ¿Cómo podrían incorporarse a la gestión local para favorecer la convivencia entre generaciones y contribuir al cuidado del territorio?
Efectivamente, así como los centros históricos nos han dado la oportunidad de rescatar partes de la ciudad que tienen un valor patrimonial y una belleza que genera valores de convivencia y nos acerca como comunidad, los viveros también son espacios de encuentro.
Son una fórmula que estaré desarrollando en un tercer libro, dedicado al medio ambiente. Sí, ya lo estoy trabajando en paralelo. Me ha alegrado mucho poder sacar esta guía para compartir las claves de un desarrollo sostenible del turismo. La segunda guía, sobre facilitación de procesos, es para poder conversar entre nosotros y ponernos de acuerdo.
La tercera, que tiene que ver con el medio ambiente, tiene una imagen similar a la de un centro histórico: un vivero en medio de la ciudad es un espacio lindo donde se pueden reunir hijos, nietos y abuelos, y compartir con los jardineros y las autoridades locales las decisiones sobre las áreas verdes y la botánica, que tanto alegra nuestras vidas y sostiene nuestra salud en todos sus aspectos.
Aplicación y continuidad de la propuesta
Para llevar estas propuestas a la práctica, ¿cómo podría un municipio utilizar la prospectiva para priorizar inversiones, anticipar impactos y sostener sus acciones a largo plazo?
En el libro planteo que el turismo puede generar empleo y contribuir a descentralizar el desarrollo. Sin embargo, hay mucha resistencia al cambio. Para que esas oportunidades lleguen también a las comunidades locales, los municipios tendrían que mejorar la planificación con participación ciudadana, que todavía no funciona bien.
¿Cuál es el mensaje principal que quisiera dejar a sus lectores y qué primer paso los animaría a dar?
Es un ensayo basado en mi experiencia de trabajo. Como profesional en turismo, tuve la oportunidad de cursar un posgrado en turismo rural y, como funcionaria pública, conocí la gestión territorial.
En todas esas etapas, como promotora de la sostenibilidad ambiental de los procesos, he fungido de facilitadora, de educadora y de asesora en tres temas: turismo, medio ambiente y facilitación de procesos.
Ahora, después de publicar el libro, me gustaría que los lectores busquen organizar talleres en sus localidades para reunir a la editorial, a los consejeros del grupo de prospectiva y a los promotores locales de proyectos de desarrollo sostenible o turismo verde.
Quedamos a la espera de los talleres que se puedan organizar de manera descentralizada en el país para potenciar el perfil turístico de nuestro territorio y generar la diversificación económica que merecemos.
El proyecto futuro del Gran Parque Metropolitano Municipal de Cusco reúne varias de las ideas que Alexandra Cugler comparte en esta entrevista. En su libro, lo presenta como una oportunidad para la ciudad y su centro histórico: un espacio de 135 hectáreas que incluiría los alrededores del futuro exaeropuerto Velasco Astete, con una apertura a la ciudadanía y al turismo prevista para 2027, según lo señalado en la guía.
Para la autora, oportunidades como esta existen en cada rincón del país. Aprovecharlas requiere conversar con quienes habitan esos lugares y tomar en cuenta su intuición y su memoria colectiva. Esa es la invitación que deja El Perú que podemos construir: participar en las decisiones sobre nuestro territorio y buscar acuerdos que permitan una mejor convivencia entre lo urbano y lo rural.


