El transporte público limeño no es solo un conjunto de buses, combis o tranvías olvidados: es el reflejo de cómo la ciudad ha crecido y, a la vez, de cómo ha fallado en organizarse. Enrique Salas, autor de El sistema metropolitano de transporte. Ciudad de Lima. Tres siglos de historia (1821–2001), ha dedicado buena parte de su vida a seguir esa transformación. A sus 81 años, ha vivido 55 directamente vinculados al transporte, ya sea como hijo de un empresario del sector, como profesional del rubro o como ciudadano que día a día se mueve en la capital.
En esta entrevista, Salas explica cómo nació su libro, qué hallazgos lo marcaron y por qué cree que Lima parece condenada a repetir una y otra vez los mismos errores en materia de movilidad.
I. El punto de partida
¿Dónde empieza este libro para ti?
El origen no está en un archivo polvoriento ni en una estadística fría, sino en una necesidad personal: la de compartir un testimonio. Este libro nace del deseo de contar lo que viví a lo largo de 55 de mis 81 años en relación con el transporte limeño. Quise dejar por escrito mis vivencias y aventuras en esta ciudad que tanto quiero.
Y si tuvieras solo diez segundos para explicar de qué trata tu obra, ¿qué dirías?
Yo diría que habla de la metamorfosis del transporte en Lima. Más que una radiografía, es una resonancia magnética: una exploración profunda que intenta mostrar lo visible y lo oculto de un sistema que afecta día a día a todos los limeños.
Ese espíritu explica también por qué decidió abarcar tres siglos de historia en un solo volumen.
Sí, para querer algo de verdad hay que conocerlo a fondo. Con Lima tengo un vínculo fuerte y sincero, y creo que solo entendiendo su pasado y su presente podemos aspirar a un mejor futuro.
II. La mirada del autor
Tu vínculo con el transporte viene de mucho antes del libro, ¿qué experiencias influyeron más en tu mirada?
Soy hijo de un transportista urbano, propietario de la empresa Urbano Callao S.A. Crecí observando ese mundo de cerca, acompañando a mi padre siempre que podía. Luego, el destino me llevó a distintos trabajos, todos relacionados con el transporte. Esa mezcla de herencia familiar y experiencia profesional marcó mi forma de investigar y narrar esta historia.
¿Qué te sorprendió más al investigar: lo que Lima tuvo y perdió, o lo que nunca llegó a tener?
Definitivamente, lo que más me llamó la atención fue la actitud de los protagonistas: autoridades, empresarios y usuarios. Muchos no sabían qué significaba tener un sistema de transporte público, de dónde venía ni cómo debía gestionarse. Esa falta de comprensión y de apropiación explica por qué el sistema nunca fue querido ni cuidado como debía.
III. Transporte público: tranvías, combis y caos
Recorres desde los tranvías del XIX hasta las combis del XX. ¿Qué etapa fue más decisiva para el colapso actual?
El sistema limeño siempre fue cíclico. A lo largo de su historia, los mismos errores se repiten una y otra vez, tanto a nivel de empresas como de autoridades. Esa incapacidad de aprender del pasado es clave para entender por qué estamos como estamos. El colapso actual no se debe a una sola etapa, sino a un descuido en todas.
¿Hubo momentos en que Lima pudo haber tomado otro rumbo y no lo hizo?
Sí, hubo oportunidades de reflexión que pudieron corregir el camino. En el libro hablo de lo que llamo las alternativas desplazadas: momentos en los que, con un poco de criterio y voluntad, se pudo cambiar el ritmo y dirección del sistema. Pero esas oportunidades se perdieron, y la historia no suele dar segundas chances”.
Y sobre la informalidad, ¿por qué crees que nunca se pudo controlar?
Porque se partió de un error conceptual: se asumió que lo informal era igual a lo ilegal. Lo ilegal es lo que no debe hacerse; lo informal es, más bien, la forma incorrecta de hacerlo. Esa confusión arruinó cualquier estrategia, y con el tiempo la informalidad se convirtió en parte del ADN de la ciudad.
IV. Impacto en la vida urbana
¿Qué descubriste sobre cómo el transporte afecta la calidad de vida de los limeños?
No diría que encontré algo sorprendente, porque no existen parámetros claros y todo es muy subjetivo. Pero lo que sí está claro es que la forma en que nos movemos condiciona la manera en que vivimos la ciudad.
¿Y crees que los limeños son conscientes de cuánto tiempo y energía pierden cada día en sus traslados?
No realmente. Cuando uno viaja, lo único que piensa es en llegar a tiempo. No se detiene a reflexionar sobre lo que está perdiendo. Esa falta de conciencia colectiva es una de las razones por las que no exigimos cambios profundos.
V. Aprender del pasado para mover el futuro
¿Qué errores seguimos repitiendo?
La principal característica de nuestro sistema de transporte público es su carácter cíclico. Propuestas y soluciones, aunque cambien de nombre, terminan repitiendo el mismo patrón. Eso nos impide avanzar.
¿Y qué hay de modelos extranjeros? ¿Alguno aplicable a Lima?
No. Copiar soluciones de otras ciudades, en mi opinión, sería aceptar una especie de trauma de inferioridad. Más que mirar afuera, debemos aprender a combinar y aplicar con inteligencia lo que ya tenemos aquí.
VI. Entre el investigador y el ciudadano
Después de escribir este libro, ¿te sientes optimista o preocupado por el futuro del transporte en Lima?
Preocupadísimo. Hoy no solo tenemos autos y buses; también motos lineales, bicicletas, scooters, skates… todos compartiendo la misma infraestructura vial. El caos actual se multiplica y las soluciones parecen planificadas a ciegas.
¿Y en qué trabajas ahora?
Mantengo la ilusión de seguir investigando. Mientras Dios me dé salud, seguiré escribiendo sobre la historia del transporte público en el Perú. A mis 81 años, todavía siento que queda mucho por hacer.
La historia que Enrique Salas recoge en su libro demuestra que el transporte limeño no es solo un problema técnico, sino el espejo de cómo la ciudad se piensa a sí misma. Tres siglos de aciertos, fracasos y oportunidades perdidas han dejado una huella que aún pesa en el presente. Su voz advierte que, mientras no rompamos con la lógica de la repetición, seguiremos atrapados en un ciclo sin salida. Pero también recuerda que el futuro no está escrito: Lima todavía puede aprender de su propia memoria. El desafío está en asumir, como ciudadanos y autoridades, que movernos mejor es también vivir mejor.
Si deseas conocer más sobre este tema, puedes encontrar el libro de Enrique Salas en Amazon y en la web de Grupo Ígneo.
