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J. M. Bambach: «no somos solo lo que vivimos»

Comunicaciones Igneo Oct 9, 2026 Entrevista, Escritura, Ficción, Narrativa, Thriller, Voces de Autores 0 Comentarios
J. M. Bambach cuenta cómo nació Karken y cómo unió memoria ancestral, misterio y cultura selk'nam en su novela.

J. M. Bambach encontró en la memoria ancestral el punto de partida de Karken. Su interés por la identidad, la historia y las culturas originarias de Tierra del Fuego dio forma a una novela que combina suspenso y aventura con preguntas sobre cuánto del pasado sigue presente en nosotros.

Conversamos con el autor sobre el origen de esta historia, los desafíos de su escritura y la investigación que le permitió acercarse al pueblo selk’nam. En sus respuestas, Bambach comparte sus referentes literarios y el trabajo detrás de una trama que busca atrapar al lector y darle espacio para reflexionar desde su propia experiencia.

El origen y la escritura de la novela

Para comenzar, nos gustaría volver al origen de Karken. ¿Cómo nació la novela y qué imaginó primero: el misterio, la protagonista o la memoria ancestral?

Lo primero fue la memoria ancestral. Recuerdo una de esas noches estrelladas y limpias del sur de Chile. Estaba absorto en el efecto hipnótico del fuego, cerré los ojos y en mi retina quedaron impregnadas las luces de lo que estaba mirando, sobre un fondo rojo. Si me esforzaba, podía darles forma, o imaginar que la tenían. La asociación entre esas luces y las estrellas debe haber sido inconsciente. Así nació la idea de que la protagonista pudiera entrar en los recuerdos de un paciente y revivirlos tal como ocurrieron, sin las distorsiones que se van sumando con el tiempo, lo que se conoce como memoria reconstructiva.

En la novela, el inconsciente, esa zona oscura que influye silenciosamente en nuestro comportamiento, es un universo de recuerdos intactos. Y no solo los propios: también los heredados de nuestros padres, abuelos y ancestros, hasta tiempos inmemoriales. Ese poder asombra y a la vez aterra a la protagonista. La magia está en que el lector llegue a creer que el ritual existió; muchos me lo han preguntado.

¿Qué temas le gusta explorar como escritor y qué encontró en Karken para reunirlos en una misma historia?

Me interesan la memoria, la identidad, la herencia y esas preguntas permanentes sobre la naturaleza humana. Karken me permitió reunirlas con otra de mis pasiones: la historia y las culturas originarias de Tierra del Fuego.

Más que limitarme en los temas, me impongo una forma de abordarlos. Chéjov es mi gran referente: retratar la vida tal como es y narrar sin tomar partido. Son los personajes los que encarnan las distintas posiciones; el autor no dictamina cuál es la correcta, y el lector saca sus propias conclusiones. Busco un lenguaje simple, pero no básico, y una trama ágil que atrape de principio a fin. Contar historias es lo que más disfruto, y en eso estoy: ya trabajo en la segunda parte de Karken.

¿Cómo fue tomando forma la novela? ¿Tenía el misterio resuelto desde el comienzo o fue descubriendo nuevas conexiones mientras escribía?

Mi proceso creativo se parece bastante a mi personalidad: es algo disperso. Creo que la creatividad y la dispersión son buenas amigas. La dispersión te pone obstáculos, te deja vacíos, y la creatividad es la que te ayuda a salir de ellos, a llenar esos espacios donde la atención se fue a otra parte.

En tal sentido, el libro no nació con una estructura. Nació más bien de dos ideas que me rondaban: el ritual y los recuerdos. Lo curioso es que, mientras escribía, la propia novela fue confirmando la hipótesis de un inconsciente que nos guía sigilosamente. Fue el inconsciente el que me llevó a Tierra del Fuego, un lugar que visité hace más de diez años y que me deslumbró. También fue él quien lo unió con Sachsenhausen, otro sitio que me provocó una emoción profunda, y quien hizo aparecer Chicago, la ciudad donde viví.

Así, la historia se fue moldeando con esos recuerdos que se alojan en algún rincón de la mente. Siguiendo esos impulsos, la novela fue armándose y mutando sobre la marcha. Modifiqué capítulos y personajes. Un capítulo que había escrito para un personaje terminó siendo de otro, y uno que originalmente abría el libro se convirtió en un recuerdo a mitad de la historia.

¿Cuál fue el mayor desafío que encontró durante la escritura y cómo dio con la manera de resolverlo?

El mayor desafío fue construir un ritual con elementos sobrenaturales que, aun así, pareciera posible. A eso se sumaban otras exigencias: tenía que ser un trance atractivo para el lector y, además, realizable hace ciento cincuenta años. Juntas, esas condiciones lo convertían en un verdadero reto.

La clave estuvo en ir enlazando sus piezas: el fuego, las luces que quedan impregnadas en la retina y la mezcla mágica que hace posible comunicarse con una infinidad de detalles. El último elemento, el que completa el cuadro, es ese universo de fulgores que todos llevamos en la mente.

Hoy, cuando releo cómo quedó escrito, me parece verosímil, y eso me llena de orgullo.

Entre la ciencia y la memoria

El pueblo selk’nam tiene un lugar importante en la historia. ¿Qué despertó su interés por él y cómo fue acercándose a su cultura y su legado durante la investigación?

Los selk’nam y los patagones, pueblos de raíz común y lenguas parecidas, me impresionaron desde niño. Creo haberlos visto por primera vez en Mampato, la revista icónica de mi infancia. Recuerdo esas imágenes de hombres y mujeres desabrigados y casi descalzos, captadas desde algún barco que navegaba por el Estrecho. Mucho después, ya mayor, conocí Tierra del Fuego, un lugar misterioso y aislado, y esas imágenes de la infancia volvieron. Recién entonces supe de verdad de los onas, como también se conoce a los selk’nam: una cultura milenaria diezmada en pocas décadas y que en Chile casi desconocemos.

Por eso intenté que no fueran un decorado exótico, sino parte esencial del misterio. Quería que su memoria estuviera viva dentro de la historia, tal como creo que sigue viva en el territorio. Para investigar recurrí a la obra de Francisco Coloane, en especial El guanaco blanco. También usé Aborígenes de la Patagonia, una joya hoy casi inencontrable, escrita por José María Beauvoir, abnegado sacerdote salesiano y defensor de los pueblos de la zona. A eso se sumaron textos y material de Martín Gusinde, Sylvia Iparraguirre y otros autores.

En la novela también aparecen la psiquiatría, la neurociencia y la psicología. ¿Cómo se acercó a estos temas y los integró al misterio de Karken?

Es que la temática es fascinante, y en sí misma un misterio. ¿Dónde vive la memoria y hasta qué punto nos define? Karken es psiquiatra, y eso me permitía abordar la pregunta desde la ciencia, pero sin quedarme ahí. La novela pone a dialogar dos formas de conocimiento: la clínica moderna y la sabiduría ritual selk’nam. El método que ella desarrolla nace de ese cruce entre modernidad y conocimiento ancestral.

Hoy investigar es más fácil: la información está a mano y la inteligencia artificial ayuda a procesarla. Pero aquí aparece de nuevo la influencia de Chéjov. La ciencia debía ser verosímil y estar al servicio de la trama, nunca transformarse en una clase. El lector debe sentir que lo que ocurre podría ser posible, y que eso lo inquiete.

Karken combina suspenso, aventura y preguntas sobre la identidad y la conciencia. ¿Cómo encontró el equilibrio entre mantener al lector en tensión y darle espacio para reflexionar?

Intenté que las reflexiones surgieran de la acción y no la interrumpieran. Las preguntas sobre la identidad no las formula un narrador que se detiene a filosofar, sino personajes que se juegan algo: una mujer que busca a su hermano desaparecido o un joven que lucha por sobrevivir en el agua helada del Estrecho. La alternancia entre 1887 y el presente también me ayudó: cuando una línea avanza rápido, la otra puede respirar, y viceversa. Buena parte de los cientos de revisiones que hice, y de los aportes que recibí después, consistió justamente en buscar ese equilibrio y recortar lo que frenaba el ritmo.

Sin adelantar sorpresas, ¿hubo algún personaje o giro de la historia que disfrutara especialmente al escribir?

Varios personajes tienen giros sorpresivos, y quienes leyeron los manuscritos tenían opiniones diversas. El que más disfruté fue Di Lucca. Pero no quiero quitarle la sorpresa a los futuros lectores.

Lo que permanece

Después de escribir Karken, ¿cambió su manera de pensar sobre la memoria o sobre la influencia del pasado en nuestras vidas?

No cambió, pero sí se reforzó. Hoy estoy aún más convencido de que no somos solo lo que vivimos, sino también lo que vivieron quienes nos precedieron: lo que se dijo y lo que se calló en una familia, lo que un país recuerda y lo que prefiere olvidar. Escribir sobre los selk’nam me hizo pensar en cuánto de nuestra historia hemos borrado y en cómo, aun así, eso nos sigue influyendo.

Ha mencionado la importancia de que el lector saque sus propias conclusiones. ¿Qué le gustaría que Karken despertara en quienes la leen?

En mi experiencia, la magia de la literatura está en que cada lector vive el libro de una forma distinta. A cada uno le llaman la atención temas diferentes, y el libro evoca sus propias vivencias, reflexiones, emociones y preguntas. Ojalá no exista una sola pregunta, sino tantas como lectores tenga. Hay varios momentos de la obra en los que los personajes expresan posiciones antagónicas o muestran virtudes y defectos humanos, y eso le permitirá a cada lector hacer su propia reflexión.

Para cerrar, ¿qué mensaje de Karken le gustaría que permaneciera con los lectores más allá del misterio?

Que el pasado, el de cada uno y el colectivo, no está muerto. Las personas, nuestros ancestros y los pueblos originarios que nos antecedieron siguen presentes en nosotros y nos guían. Escucharlos, conocerlos y respetarlos nos ayuda a entender quiénes somos. Si alguien termina el libro con ganas de saber más sobre los selk’nam, o de preguntarles algo a sus padres o abuelos mientras aún puede, para mí la novela habrá cumplido su propósito.


Agradecemos a J. M. Bambach por compartir las experiencias y las decisiones que dieron forma a Karken. La conversación nos acerca a un autor que disfruta construir historias y que confía en la mirada de sus lectores. Su novela propone explorar la memoria desde el misterio y acercarse al legado selk’nam con curiosidad y respeto.

Bambach ya trabaja en una segunda parte. Entretanto, deja una invitación que puede acompañarnos después de la lectura: escuchar las historias de nuestras familias y conocer mejor a quienes nos precedieron. Quizá una conversación con nuestros padres o abuelos nos permita descubrir algo de ese pasado que también forma parte de quienes somos.

Karken (J. M. Bambach)

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