El autocuidado del emprendedor puede quedar relegado entre metas, reuniones y decisiones urgentes. Un negocio pide tiempo y atención, y quien lo impulsa puede acostumbrarse a dejar sus propias necesidades para después. ¿En qué momento esa entrega empieza a costar demasiado?
En Dr. CEO. Cómo emprender y no morir en el intento, Abraham Abramovitz comienza con una regla: «primero uno mismo». Para explicar su importancia, vuelve sobre una etapa en la que el trabajo ocupaba casi todo el espacio de su vida.
Este breve adelanto del apartado «Autoconocimiento» muestra uno de los momentos que marcaron esa experiencia.
Cuando el cuerpo pide auxilio
Toda mi vida —en todos mis emprendimientos, profesión, fundaciones, participación comunitaria, política universitaria— creí que todo se resumía en buscar el mayor beneficio de las personas que quería impactar, sin importar el costo personal que eso significase. Siempre creí que cualquier sacrificio valdría la pena si conseguía el objetivo. Primero los demás, después yo. O nunca yo. No importaba.
Noches enteras sin dormir eran frecuentes; jornadas de 18 horas al día eran la norma; sábados y domingos no se podía parar (¿cómo iba a perder ese valioso tiempo?). Estrés permanente y sostenido, reclusión total para cumplir deadlines, entre otras muchas cosas con las que otros emprendedores seguramente pueden identificarse rápidamente. Si era feriado en la ciudad en la que me encontraba, viajaba a una ciudad donde no lo fuera y tuviéramos alguna posibilidad de crecimiento, para no perder ese día.
El período fue tan largo y la presión tan grande, que mi cuerpo empezó a pedir auxilio. Al inicio, con un desmayo súbito a los 23 años, que después de todos los estudios no se pudo atribuir a otra causa que estrés y cansancio extremo. Y esa señal, que ignoré por completo —porque no iba a dejar que un desmayo pudiera conmigo—, quedó solamente en el recuerdo.
Autocuidado del emprendedor: una pregunta pendiente
Lo que vuelve cercano este pasaje es una decisión: Abramovitz reconoce que ignoró la señal. Su relato muestra hasta qué punto estaba dispuesto a seguir trabajando, incluso después de aquel episodio.
El capítulo continúa a partir de esa tensión. ¿Cómo reconocer los propios límites? ¿Qué cambia cuando dejamos de medir la entrega únicamente por las horas que trabajamos? Son preguntas que invitan a seguir leyendo y a mirar el propio recorrido con más atención.
El autocuidado del emprendedor es el punto de partida de un libro que reúne dieciocho reglas para emprender. Descubre cómo desarrolla Abramovitz esta primera propuesta y continúa la lectura de Dr. CEO. Cómo emprender y no morir en el intento en la web de Grupo Ígneo.
